[Ventas] Lección 006: Cómo distinguir entre un 'todavía no' genuino y una forma educada de decir que no
Aprende a identificar si un 'todavía no' es sincero o una forma educada de rechazar, entiende por qué tu intuición falla, y descubre una pregunta concreta que te lo aclara.
Qué vas a aprender hoy
En la lección 5 viste cómo dar seguimiento a un “todavía no” sin resultar pesado. Hoy vas a ver algo anterior a eso: cómo saber si ese “todavía no” es sincero o si es, en realidad, una forma educada de decir que no. Vas a ver por qué tu intuición para distinguirlo es mucho peor de lo que crees, y una alternativa concreta que sustituye la intuición por una pregunta que puedes hacer hoy mismo.
Conceptos base
Mentira de cortesía (o “mentira prosocial”): en la investigación sobre la mentira cotidiana, una afirmación que la persona sabe que no es del todo exacta, pero que dice para evitar la incomodidad de un desacuerdo directo, no para causar daño. “Todavía no” en vez de “no me interesa” puede ser una de ellas.
Mentira autoprotectora (self-serving) frente a mentira orientada al otro (other-oriented): dos motivos distintos para decir algo no del todo exacto. La autoprotectora busca evitarte a ti mismo una situación incómoda (la insistencia posterior, tener que dar explicaciones); la orientada al otro busca evitarle una incomodidad a la persona que escucha (no herir sus sentimientos).
Intención de implementación (implementation intention): un plan del tipo “si pasa X, entonces haré Y”, que conecta una situación concreta con una acción concreta. Es distinto de una intención de meta vaga como “quiero hacerlo” o “lo voy a pensar”, que no especifica cuándo ni bajo qué condición.
Continuación: como viste en la lección 4, el resultado de una conversación de venta en la que no hay ni un compromiso concreto ni un rechazo explícito. Un “todavía no” es, casi siempre, una continuación.
Desarrollo
Por qué no puedes fiarte de tu intuición para distinguirlos
La tentación natural es intentar “leer” a la otra persona: su tono, si duda al hablar, si te mira a los ojos, si la frase suena forzada. Hay un problema serio con esa estrategia, y no es una opinión, es uno de los resultados más replicados de la psicología social.
Charles Bond y Bella DePaulo publicaron en 2006, en Personality and Social Psychology Review (una revista de referencia en psicología social, revisada por pares), un metaanálisis que reunió cientos de estudios sobre la capacidad de las personas para distinguir cuándo alguien miente y cuándo dice la verdad. El resultado: “las personas logran una media del 54% de juicios correctos sobre mentira y verdad, clasificando correctamente el 47% de las mentiras como engañosas y el 61% de las verdades como no engañosas” (Bond y DePaulo, 2006). Adivinar al azar entre dos opciones da un 50%. La diferencia real entre “intuir” y “tirar una moneda al aire” es de apenas cuatro puntos.
Esto no significa que la gente sea igual de mala detectando mentiras en todos los contextos, ni que no existan señales reales. Significa que confiar en tu impresión general sobre si alguien “suena sincero” cuando dice “todavía no” no es una base sólida para decidir nada: la investigación disponible dice que esa impresión acierta poco más de lo que acertarías sin ninguna información en absoluto.
Por qué es razonable sospechar que muchos “todavía no” no son del todo exactos
Esto no quiere decir que debas asumir que todo “todavía no” es una mentira. Pero hay un motivo para no descartar la posibilidad de entrada. Bella DePaulo y Deborah Kashy estudiaron en 1998, en el Journal of Personality and Social Psychology, cuántas mentiras cotidianas cuenta la gente y a quién, pidiendo a los participantes que llevaran un diario de todas sus interacciones sociales durante una semana. Dos hallazgos son relevantes aquí.
Primero, la frecuencia de mentira cotidiana varía mucho según el tipo de relación. En sus datos, los estudiantes universitarios registraron una tasa de 77,38 mentiras por cada 100 interacciones con desconocidos, 48,21 con conocidos, y solo 27,62 con amigos y 27,96 con amigos íntimos (DePaulo y Kashy, 1998). Es decir, mentimos bastante más a quien conocemos poco que a quien conocemos bien. Un prospecto que acabas de conocer, o con quien tienes una relación comercial superficial, encaja normalmente en la categoría de “conocido” o incluso “desconocido”, no en la de “amigo íntimo”.
Segundo, el motivo de esas mentiras también cambia según la relación. En conjunto, las personas mienten con casi el doble de frecuencia por motivos autoprotectores que por motivos orientados a proteger a la otra persona. Y esa proporción varía con la cercanía: “relativamente más de las mentiras dichas a amigos íntimos y amigos serían altruistas que autoprotectoras, mientras que ocurriría lo contrario con las mentiras dichas a conocidos y desconocidos” (DePaulo y Kashy, 1998). Dicho de otro modo: con alguien que no es cercano, cuando la gente no dice del todo la verdad, es relativamente más probable que sea para evitarse a sí misma una situación incómoda (como tener que insistir en un “no” directo, o exponerse a que le repliquen) que para proteger los sentimientos del otro.
Nada de esto prueba que un “todavía no” concreto, de una persona concreta, sea falso. Es un dato de base, no una certeza individual. Pero sí explica por qué no conviene tomar la frase de forma completamente literal en una relación que, la mayoría de las veces, es de conocido reciente: la investigación indica que en ese tipo de relación la conversación cotidiana contiene bastante más imprecisión deliberada, y esa imprecisión tiende más a protegerse a uno mismo del roce que a cuidar al otro.
La alternativa: no intentes adivinar, pide algo verificable
Si la intuición apenas supera el azar, la solución no es entrenar mejor la intuición. Es dejar de depender de ella y sustituir la pregunta “¿esto suena sincero?” por una pregunta distinta: “¿esta persona está dispuesta a comprometerse con algo concreto y verificable?”.
Aquí entra la investigación sobre intenciones de implementación. Peter Gollwitzer y Paschal Sheeran publicaron en 2006, en Advances in Experimental Social Psychology, un metaanálisis de 94 estudios sobre el efecto de formular un objetivo como un plan “si-entonces” en vez de como una intención vaga. Definen la intención de implementación como un plan que “conecta señales situacionales (buenas oportunidades para actuar, momentos críticos) con respuestas eficaces para alcanzar el objetivo” (Gollwitzer y Sheeran, 2006), y ponen como ejemplo algo tan simple como “si son las 17:00 del lunes, entonces saldré a correr a casa desde el trabajo”. El efecto medio encontrado sobre si la gente realmente cumple sus objetivos fue de d = 0,65, un tamaño de efecto medio-alto en investigación social, con efectos algo mayores todavía cuando el plan ayudaba a arrancar una acción que costaba empezar (d = 0,61) que cuando ayudaba a no descarrilar a mitad de camino (d = 0,77).
La aplicación a tu “todavía no” es directa. Una intención vaga (“lo voy a pensar”, “más adelante te digo”) no predice casi nada sobre lo que va a pasar después, según esta misma investigación: es exactamente el tipo de formulación que Gollwitzer y Sheeran distinguen de una intención de implementación real. En cambio, pedir un plan “si-entonces” convierte una frase ambigua en algo que se puede verificar: “¿cuándo tendrás una idea más clara: después de hablarlo con tu socio, después de cerrar el trimestre, después de otra fecha concreta?”. No estás preguntando si te va a comprar. Estás preguntando si existe, en la cabeza de la otra persona, un plan real con un disparador identificable.
Cómo leer la respuesta a esa pregunta
Esto es lo que realmente sustituye a la intuición: no lo que la persona diga sobre si le interesa, sino si es capaz de darte un disparador concreto cuando se lo pones fácil.
Si responde con una condición específica y verificable (“cuando vuelva mi jefe de vacaciones el día 15”, “en cuanto cerremos el presupuesto del próximo trimestre en la reunión del día 20”), tienes una intención de implementación real, del tipo que la investigación de Gollwitzer y Sheeran asocia con más probabilidad de acción posterior. Anota esa fecha y retómalo entonces, con el ritmo de seguimiento que viste en la lección 5.
Si, en cambio, la persona sigue vaga incluso cuando le ofreces explícitamente la opción de darte un disparador concreto (“no sé, ya te diré”, “en algún momento”, cambia de tema), eso tampoco es una prueba definitiva de que no le interesa. Pero es la señal más útil que tienes disponible, porque es conductual y verificable, no una impresión sobre su tono de voz. Combinada con los datos de DePaulo y Kashy sobre la frecuencia de imprecisión deliberada en relaciones poco cercanas, es razonable tratar esa resistencia repetida a concretar como el indicio más fiable de que el “todavía no” funciona, en la práctica, como un “no” educado.
Aplicación práctica
Elige una venta que tengas actualmente en estado de “todavía no”. Escribe la pregunta exacta que le harías a esa persona para pedirle una intención de implementación, siguiendo el formato “si-entonces”: qué disparador concreto (una fecha, un evento, una decisión de otra persona) tendría que ocurrir para que volviera a plantearse tu propuesta. Evita que sea una pregunta cerrada tipo “¿te sigue interesando?” (lección 2): tiene que ser una pregunta abierta que invite a un disparador concreto, del tipo “¿qué tendría que pasar para que esto volviera a estar sobre la mesa?”. Si ya tienes esa conversación pendiente, envíala hoy. Si la respuesta que recibes (ahora o en el pasado) fue vaga incluso ofreciéndole esa opción, anota esa venta como probable “no” educado y decide si vale la pena seguir invirtiendo tiempo en ella.
Errores comunes
Confiar en el tono de voz, la velocidad de respuesta o el lenguaje corporal para juzgar si alguien es sincero. Como muestra el metaanálisis de Bond y DePaulo, esa intuición acierta apenas un poco más que el azar; no es una base para decidir cuánto tiempo seguir invirtiendo en una venta.
Tratar cualquier “todavía no” vago como una mentira maliciosa. La investigación de DePaulo y Kashy muestra que gran parte de la imprecisión cotidiana busca evitar la incomodidad, no engañar con mala intención. El objetivo no es “pillar” a nadie, es decidir dónde invertir tu tiempo con la mejor información disponible.
Preguntar “¿de verdad te interesa?” en vez de pedir un disparador concreto. Es una pregunta cerrada que casi siempre obtiene una respuesta socialmente cómoda (“sí, claro”) sin aportar ninguna información nueva verificable.
Fuentes
- Bond, C. F. y DePaulo, B. M. (2006). “Accuracy of Deception Judgments”. Personality and Social Psychology Review, 10(3), 214-234. https://journals.sagepub.com/doi/10.1207/s15327957pspr1003_2
- DePaulo, B. M. y Kashy, D. A. (1998). “Everyday Lies in Close and Casual Relationships”. Journal of Personality and Social Psychology, 74(1), 63-79. https://smg.media.mit.edu/library/DePaulo.Kashy.EverydayLies.pdf
- Gollwitzer, P. M. y Sheeran, P. (2006). “Implementation Intentions and Goal Achievement: A Meta-Analysis of Effects and Processes”. Advances in Experimental Social Psychology, 38, 69-119. https://cancercontrol.cancer.gov/sites/default/files/2020-06/goal_intent_attain.pdf
Para la próxima lección
Cuando ya sabes distinguir un “todavía no” genuino de uno que en la práctica es un “no”: cuándo y cómo dejar de perseguir una venta sin que se sienta como estar rindiéndote.