El posicionamiento - qué lugar ocupar en la mente de cada segmento frente a las alternativas que ya usan
En la lección 3 viste cómo segmentar un mercado agrupando por "trabajo por hacer" en vez de solo por datos demográficos, con el caso de los batidos que en realidad competían contra plátanos, bagels y el aburrimiento de…
Qué vas a aprender hoy
En la lección 3 viste cómo segmentar un mercado agrupando por “trabajo por hacer” en vez de solo por datos demográficos, con el caso de los batidos que en realidad competían contra plátanos, bagels y el aburrimiento de un trayecto en coche. Hoy vas a ver qué hacer una vez que ya tienes un segmento identificado: cómo decidir qué lugar quieres ocupar en la mente de esas personas, frente a lo que ya usan para resolver ese mismo trabajo, y por qué esa decisión es distinta de simplemente describir las características de tu producto.
Conceptos base
Posicionamiento: el lugar que una marca, producto o servicio ocupa en la mente de un segmento de personas, en relación con las alternativas que ya conocen o usan, no una descripción objetiva del producto en sí mismo.
Marco de referencia (frame of reference): la categoría o el conjunto de alternativas con las que un segmento compara mentalmente una oferta al evaluarla. Puede ser una categoría de producto evidente, o algo menos obvio, como viste con el caso de los batidos en la lección 3.
Puntos de diferencia (points of difference): los beneficios o atributos que distinguen a una oferta de las alternativas de su marco de referencia.
Puntos de paridad (points of parity): los atributos en los que una oferta necesita estar, como mínimo, a la altura de las alternativas de su marco de referencia, aunque no sean lo que la distingue.
Sociedad sobrecomunicada: el término que usan Al Ries y Jack Trout para describir un entorno con tantos mensajes, productos y marcas compitiendo por la atención que ninguno puede destacar simplemente siendo “mejor” en términos generales; hace falta una posición mental clara y específica.
Desarrollo
El posicionamiento no ocurre en el producto, ocurre en la mente
Al Ries y Jack Trout, en su libro “Positioning: The Battle for Your Mind” (1981), plantearon una idea que cambió buena parte de cómo se entiende el marketing desde entonces: el problema central ya no era fabricar el mejor producto, sino ocupar un lugar claro en la mente de la persona que lo va a comprar. Según describe el propio sitio de Al Ries sobre esta obra, la premisa de partida es que “para tener éxito en una sociedad sobrecomunicada, una empresa debe crear una posición en la mente del cliente potencial”. La razón que dan para este cambio de enfoque es concreta: “había demasiados productos, demasiadas empresas, demasiado ruido de marketing” como para que destacar dependiera solo de tener características superiores. (Al Ries, sobre “Positioning: The Battle for Your Mind”)
Esta idea tiene una consecuencia práctica importante: posicionar no es una tarea que se hace mirando solo el producto (qué hace, qué características tiene), sino mirando la mente de la persona a la que se dirige y el contexto de alternativas que ya tiene ahí dentro. La misma fuente señala que este enfoque exige a una empresa considerar “no solo sus propias fortalezas y debilidades, sino también las de sus competidores”, y explica por qué la idea sigue vigente varias décadas después: “el auge de internet ha hecho que nuestras vidas estén más sobrecomunicadas que nunca, y abrirse paso entre el ruido exige un enfoque todavía más estrecho y una posición singular”. (Al Ries, ibid.)
El marco de referencia: frente a qué se está comparando el segmento, no frente a quién crees tú
Aquí es donde conecta directamente con lo que viste en la lección 3. Cuando identificaste el segmento de los batidos matutinos por el trabajo que resolvían (algo entretenido y que llenara durante un trayecto largo en coche), el estudio que revisaste encontró que esos compradores no comparaban mentalmente el batido con otros batidos, sino con plátanos, bagels, donuts o simplemente con no comprar nada. Ese conjunto de alternativas mentales es exactamente lo que en posicionamiento se llama el marco de referencia: no es una lista de “competidores directos” definida desde dentro de la empresa, sino el conjunto de opciones que la propia persona del segmento tiene en la cabeza al considerar resolver ese trabajo.
Definir mal el marco de referencia es uno de los errores de posicionamiento más comunes, porque lleva a competir en la categoría equivocada. Una empresa de batidos que se posicionara únicamente frente a “otras marcas de batidos” estaría respondiendo a una pregunta que la mayoría de sus compradores matutinos ni siquiera se plantean, mientras ignora la comparación real que sí están haciendo (batido frente a bagel, frente a nada).
Puntos de diferencia y puntos de paridad: por qué ser distinto no basta
Kevin Lane Keller, profesor de marketing y coautor de uno de los libros de referencia sobre gestión de marca, publicó en Harvard Business Review un artículo centrado precisamente en este punto: que las empresas suelen fijarse solo en qué las hace diferentes, y eso no es suficiente. Según explica, “el posicionamiento de marca eficaz requiere no solo una consideración cuidadosa de los puntos de diferencia de una marca, sino también de lo que llamamos sus puntos de paridad con otros productos”. Los puntos de diferencia son “los beneficios que distinguen a cada marca de la competencia”; los puntos de paridad son las “características que las marcas tienen en común con la competencia”, en las que “es necesario ‘empatar’ con las marcas competidoras” antes de que los puntos de diferencia puedan importar. (Keller, K. L. (2002), “Three Questions You Need to Ask About Your Brand”, Harvard Business Review)
La razón por la que esto importa es sencilla de entender con un ejemplo: si una oferta es claramente distinta en algo (por ejemplo, más rápida, más barata o más entretenida) pero falla en un atributo básico que el segmento da por hecho en cualquier alternativa de su marco de referencia (por ejemplo, que sea segura, que funcione de forma fiable, o que resuelva el trabajo mínimo esperado), esa diferencia llamativa no compensa el fallo en lo básico. Keller insiste en que entender bien el marco de referencia dentro del que compite una marca es, según su propio artículo, uno de los pasos que las empresas “pasan por alto con más frecuencia” al pensar su posicionamiento. (Keller, HBR 2002)
Uniendo las tres piezas: marco de referencia, puntos de paridad y puntos de diferencia
El proceso completo de posicionar una oferta para un segmento concreto, combinando ambas fuentes, queda así: primero, identificar el marco de referencia real del segmento (no el que la empresa asume, sino frente a qué alternativas compara mentalmente esa persona al resolver su trabajo por hacer, como viste en la lección 3). Segundo, dentro de ese marco de referencia, identificar los puntos de paridad: qué es lo mínimo que cualquier alternativa de esa categoría necesita ofrecer para ser considerada seriamente. Tercero, y solo después de cubrir esos dos primeros pasos, definir los puntos de diferencia: qué hace que, dentro de ese marco de referencia y cumpliendo esos mínimos, esta oferta concreta merezca un lugar distinto en la mente de esa persona frente a las demás alternativas que ya conoce.
Este orden importa. Es tentador empezar directamente por el tercer paso —qué nos hace especiales— porque suele ser la parte más interesante de imaginar. Pero sin haber definido antes el marco de referencia correcto (paso uno), el punto de diferencia puede estar respondiendo a una comparación que el segmento ni siquiera hace en su cabeza, como en el ejemplo del batido posicionado frente a otros batidos en vez de frente a bagels y aburrimiento.
Aplicación práctica
Retoma el segmento que trabajaste en el ejercicio de la lección 3 (definido por el trabajo que resuelve, no solo por datos demográficos) y trabaja estos tres pasos por escrito:
- Marco de referencia: ¿con qué alternativas compara mentalmente ese segmento tu oferta al intentar resolver su trabajo? No asumas que son “otras empresas de tu mismo sector”: pregúntate qué haría esa persona si tu oferta no existiera, igual que en el caso de los batidos del bagel y el aburrimiento.
- Puntos de paridad: dentro de ese marco de referencia, ¿qué es lo mínimo indispensable que cualquier alternativa necesita ofrecer para que el segmento la considere en serio? Haz una lista corta; no hace falta que sean cosas originales, solo cosas que, si faltaran, descartarían automáticamente tu oferta.
- Puntos de diferencia: una vez cubierto lo anterior, ¿qué hace que tu oferta merezca un lugar distinto frente a esas alternativas concretas? Sé específico: “somos mejores” no es un punto de diferencia; “resolvemos X en la mitad de tiempo que Y” sí lo es, siempre que puedas respaldarlo.
Termina escribiendo, en una sola frase, el lugar que quieres que ocupe tu oferta en la mente de ese segmento, mencionando el marco de referencia frente al que se compara. No hace falta que sea perfecta hoy: el objetivo es tener una primera versión escrita para revisar y afinar más adelante.
Errores comunes
Definir el marco de referencia desde dentro de la empresa, no desde la cabeza del segmento. Asumir que “nuestros competidores” son quienes fabrican productos similares al tuyo, en vez de investigar con qué compara realmente el segmento tu oferta, como viste con el caso del batido en la lección 3.
Saltar directamente a los puntos de diferencia sin cubrir los puntos de paridad. Una diferencia llamativa no compensa fallar en algo que el segmento da por hecho en cualquier alternativa seria de su marco de referencia.
Confundir una característica del producto con un posicionamiento. Listar funciones o especificaciones no es lo mismo que definir el lugar que ocupas en la mente de alguien frente a lo que ya usa; el posicionamiento responde a una comparación, no a una descripción aislada.
Intentar posicionarse para todo el mundo a la vez. Ries y Trout insisten en que la sociedad sobrecomunicada obliga a un “enfoque estrecho y una posición singular”; un posicionamiento pensado para agradar a cualquier segmento tiende a no ocupar un lugar claro en la mente de ninguno.
Tratar el posicionamiento como algo que se decide una vez y no se revisa. El marco de referencia de un segmento puede cambiar (nuevas alternativas aparecen, hábitos cambian), así que conviene revisar periódicamente si sigue siendo el correcto, no darlo por fijo indefinidamente.
Fuentes
- Ries, Al y Trout, Jack, “Positioning: The Battle for Your Mind” (1981), tal como se describe en el sitio oficial de Al Ries. alries.com
- Keller, Kevin Lane (2002), “Three Questions You Need to Ask About Your Brand”, Harvard Business Review. hbr.org
Para la próxima lección
La próxima lección de esta pista tratará sobre cómo comunicar un posicionamiento ya definido a través de un mensaje breve y memorable, y qué distingue un eslogan que refuerza la posición en la mente del segmento de uno que solo suena bien pero no comunica ningún lugar concreto.
Este contenido es material educativo. No constituye asesoramiento de marketing personalizado ni recomienda ninguna herramienta, agencia o plataforma concreta.