Marketing Lección 001

Qué es el marketing y qué no es

Hoy vas a ver una definición seria de marketing (la de la asociación profesional que lo define a nivel internacional), y sobre todo vas a ver qué NO es marketing, porque es donde está la mayor confusión: no es…

Qué vas a aprender hoy

Hoy vas a ver una definición seria de marketing (la de la asociación profesional que lo define a nivel internacional), y sobre todo vas a ver qué NO es marketing, porque es donde está la mayor confusión: no es publicidad, no es “vender con más ruido”, ni es un departamento que hace carteles bonitos. También vas a conocer un artículo clásico de Harvard Business Review que explica, con ejemplos muy concretos, por qué empresas enteras han desaparecido por no entender esto.

Conceptos base

Marketing: según la definición oficial de la American Marketing Association (AMA, la asociación profesional de referencia en marketing a nivel internacional), es “la actividad, el conjunto de instituciones y los procesos para crear, comunicar, entregar e intercambiar ofertas que tienen valor para los clientes, los socios y la sociedad en general”. (AMA — The Definition of Marketing)

Fíjate en dos palabras de esa definición: intercambio y valor. El marketing no empieza cuando quieres vender algo. Empieza antes: identificando qué tiene valor para alguien, y organizando toda la actividad de la empresa (no solo la comunicación) alrededor de ese valor.

Publicidad (advertising): es distinto de marketing, aunque se confunden constantemente. Según la propia AMA, “el marketing es una práctica empresarial que consiste en identificar, predecir y satisfacer las necesidades del cliente”, mientras que “la publicidad es una práctica empresarial en la que una empresa paga para colocar su mensaje o su marca en un lugar determinado”. La publicidad es un componente del marketing, no al revés: es uno de los canales que el marketing puede usar, entre otros. (AMA — Marketing vs. Advertising)

Necesidad: una carencia básica que existe independientemente de si hay un producto que la resuelva (transportarse de un sitio a otro, comunicarse, entretenerse).

Producto: la forma concreta que una empresa elige para resolver esa necesidad en un momento dado (un tren, un teléfono, una película). El error que vas a ver en esta lección consiste, precisamente, en confundir la necesidad con la forma actual de resolverla.

Orientación al producto vs. orientación al cliente: dos formas de definir de qué negocio forma parte una empresa. Orientarse al producto es definir el negocio por lo que fabricas (“fabricamos trenes”). Orientarse al cliente es definirlo por la necesidad que resuelves (“movemos personas y mercancías de un sitio a otro”). Esta distinción es el núcleo de la lección de hoy.

Desarrollo

Marketing no es publicidad

La confusión más común, incluso entre quien ya trabaja en el área, es tratar “marketing” y “publicidad” como sinónimos. No lo son. Según la AMA, la publicidad establece “un canal de comunicación unidireccional, donde las empresas pueden difundir mensajes no personalizados a una audiencia general”, y opera casi siempre dentro de medios pagados. El marketing, en cambio, puede actuar sobre medios pagados, propios y ganados a la vez (tu propia web, tus redes sociales, lo que los clientes dicen de ti sin que les pagues por ello), y decide no solo el mensaje sino toda la estrategia de cómo y dónde aparece ese mensaje. (AMA — Marketing vs. Advertising)

En la práctica: puedes hacer mucha publicidad y tener mal marketing (gastar dinero en anuncios de un producto que nadie necesita, mal posicionado, con un precio equivocado). Y puedes hacer marketing sólido con poca o ninguna publicidad pagada, si el producto, el precio, la distribución y la comunicación ya están bien pensados para la necesidad real del cliente.

Marketing tampoco es lo mismo que vender

Esta distinción conecta directamente con la lección anterior de la pista de ventas de este curso (“Por qué vender no es convencer”). Vender es la interacción, normalmente directa y personal, que convierte a alguien interesado en cliente. El marketing es el trabajo previo (y más amplio) que hace que esa persona llegue interesada en primer lugar: entender qué necesita, diseñar algo que lo resuelva, ponerle un precio razonable, hacer que esté disponible donde esa persona pueda encontrarlo, y comunicar por qué le sirve. Si ese trabajo previo está mal hecho, ninguna técnica de venta lo arregla del todo; en el mejor de los casos, compensa parcialmente un problema que se originó antes.

El error clásico: definir el negocio por el producto, no por la necesidad

El artículo más influyente jamás publicado sobre este tema es “Marketing Myopia” (“miopía de marketing”), de Theodore Levitt, publicado en Harvard Business Review en 1960. Su argumento central: las empresas no fracasan porque su mercado deje de crecer, sino porque se definen a sí mismas por el producto que fabrican en vez de por la necesidad que satisfacen. Como escribe Levitt: “no existe algo así como una industria en crecimiento (…) solo hay empresas organizadas y operadas para crear y capitalizar oportunidades de crecimiento.” (Levitt, T. (1960). “Marketing Myopia”, Harvard Business Review)

Su ejemplo más famoso son los ferrocarriles estadounidenses. No decayeron porque la gente dejara de necesitar transportarse, sino porque las compañías ferroviarias se veían a sí mismas “en el negocio de los ferrocarriles, en lugar de en el negocio del transporte”. Cuando aparecieron el coche, el camión y el avión, esas empresas no reaccionaron porque nunca se habían planteado que su negocio real era mover personas y mercancías, no operar trenes concretamente. La necesidad no desapareció: la cubrieron otros. (Levitt, HBR 1960)

El segundo ejemplo de Levitt es Hollywood. La industria del cine estuvo a punto de colapsar con la llegada de la televisión, no porque la televisión fuera mejor, sino porque Hollywood “definió su negocio incorrectamente. Pensaba que estaba en el negocio del cine, cuando en realidad estaba en el negocio del entretenimiento.” Si se hubiera visto a sí misma como proveedora de entretenimiento (la necesidad) en lugar de como fabricante de películas (el producto de ese momento), habría podido tratar la televisión como una oportunidad de crecimiento en vez de como una amenaza existencial. (Levitt, HBR 1960)

Por qué esto importa hoy, no solo en 1960

El argumento de Levitt no depende de la época ni de la tecnología concreta: depende de si una empresa (o un profesional, o un proyecto personal) se define por lo que hace hoy o por el problema que resuelve. La misma pregunta que le habría servido a una compañía ferroviaria en 1960 sirve para cualquier negocio ahora: si mañana apareciera una forma completamente distinta de resolver la misma necesidad que resuelves hoy, ¿tu negocio, tal y como está definido, sobreviviría? Si la respuesta depende de que nadie invente nada mejor, el negocio está definido por el producto, no por el cliente.

Marketing tampoco es “hacer que la gente compre lo que sea”

La definición de la AMA incluye algo que se suele pasar por alto: el valor tiene que existir “para los clientes, los socios y la sociedad en general”, no solo para quien vende. (AMA — The Definition of Marketing) Eso descarta, por definición, la idea popular de que el marketing consiste en persuadir a alguien de que compre algo que no necesita mediante mensajes manipuladores. Si no hay una necesidad real detrás, no se está creando valor para el cliente: se está transfiriendo dinero de una persona a una empresa sin que exista el intercambio que la propia definición exige. Puede que ese tipo de práctica genere una venta puntual, pero no es lo que la definición profesional del campo describe como marketing, y normalmente no es sostenible: sin una necesidad real satisfecha, no hay razón para que esa persona vuelva a comprar ni para que lo recomiende.

Marketing, entonces, como función completa

Juntando todo lo anterior, el marketing no es una tarea (poner anuncios) ni un departamento (el que hace las redes sociales). Es la función que conecta lo que una organización ofrece con una necesidad real de un grupo de personas, y que abarca desde entender esa necesidad, hasta diseñar la oferta, ponerle precio, hacerla accesible y comunicarla. La publicidad es una herramienta dentro de esa función, no la función entera. Vender es la conversación final con una persona ya interesada, no el trabajo de generar ese interés desde cero.

Aplicación práctica

Elige un producto o servicio que uses tú mismo con frecuencia (una app, una marca de ropa, un servicio de streaming, cualquier cosa). Responde por escrito a estas preguntas, en diez minutos:

  1. ¿Qué necesidad real cubre para ti? No describas el producto (“es una app de música”), describe la necesidad (“quiero tener algo que escuchar mientras trabajo sin tener que gestionar archivos yo mismo”).
  2. ¿Cómo describiría esa empresa su propio negocio si le preguntaras? Compara esa respuesta con la necesidad que identificaste en el paso 1. ¿Coinciden, o la empresa se define por el producto actual?
  3. Si mañana apareciera una forma completamente distinta de cubrir esa misma necesidad, ¿esa empresa sobreviviría bien, o depende de que nadie invente nada mejor?
  4. Identifica, en ese mismo caso, qué parte es publicidad (mensajes pagados que has visto de esa marca) y qué parte es marketing en sentido amplio (el propio producto, el precio, dónde lo puedes conseguir, cómo se comunica sin pagar por ello: recomendaciones, reseñas, su propia web).

Este ejercicio no requiere ningún conocimiento previo de marketing. Solo requiere separar, con un ejemplo real, la necesidad del producto y la publicidad del marketing completo.

Errores comunes

Igualar marketing con publicidad. Es el error más extendido, incluso dentro de empresas que sí hacen marketing serio. Lleva a medir el éxito solo por cuánta gente vio un anuncio, en lugar de por si el producto resuelve algo que a alguien le importa.

Confundir marketing con ventas. Tratar ambas funciones como intercambiables lleva a intentar arreglar con técnicas de venta un problema que en realidad está en el producto, el precio o a quién se está intentando vender.

Definir el negocio por el producto actual. Es exactamente el error que describe Levitt: pensar “estoy en el negocio de X” en vez de “resuelvo la necesidad Y”, que es lo que deja a una organización ciega ante quien resuelve esa misma necesidad de otra forma.

Medir el marketing solo por alcance o impresiones. Cuántas personas vieron un anuncio dice poco si el producto, el precio o la disponibilidad no encajan con lo que esas personas necesitan. El alcance es una métrica de publicidad, no una medida de si el marketing en su conjunto está funcionando.

Fuentes

  • American Marketing Association (AMA), “The Definition of Marketing — What is Marketing?”. ama.org
  • American Marketing Association (AMA), “Marketing vs. Advertising”. ama.org
  • Levitt, Theodore (1960). “Marketing Myopia”, Harvard Business Review. PDF

Para la próxima lección

La próxima lección de esta pista tratará sobre las necesidades y los deseos como punto de partida de cualquier estrategia de marketing: cómo distinguirlos, y por qué confundirlos lleva a construir productos que nadie necesita de verdad.


Este contenido es material educativo. No constituye asesoramiento profesional ni recomienda ninguna metodología, agencia o herramienta concreta.

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