Inversiones Lección 005

La diversificación geográfica y sectorial dentro de la renta variable - por qué concentrar toda la parte de acciones en un solo país o sector sigue dejando una exposición importante

En la lección 4 viste que la diversificación tiene dos capas: entre clases de activo y dentro de cada clase, y que FINRA menciona explícitamente la diversificación geográfica y sectorial como parte de esa segunda capa…

Qué vas a aprender hoy

En la lección 4 viste que la diversificación tiene dos capas: entre clases de activo y dentro de cada clase, y que FINRA menciona explícitamente la diversificación geográfica y sectorial como parte de esa segunda capa dentro de las acciones. Hoy vas a profundizar en esa capa concreta: un sesgo bien documentado que hace que la mayoría de la gente concentre sus acciones mucho más de lo que cree en su propio país, y por qué incluso comprar “todo el mercado” a través de un índice amplio puede dejarte más concentrado de lo que parece.

Conceptos base

Sesgo doméstico (home bias): la tendencia, documentada de forma consistente en la investigación académica, de los inversores a concentrar sus acciones en empresas de su propio país, muy por encima de lo que la teoría de diversificación recomendaría.

Riesgo de concentración: el riesgo de que una parte desproporcionada del valor de una cartera dependa de un número reducido de empresas, sectores o países.

Ponderación por capitalización de mercado: la forma más común de construir un índice bursátil, en la que cada empresa pesa en el índice según su valor total en bolsa; cuanto más grande es una empresa, más peso tiene en el índice, aunque el número de empresas incluidas sea el mismo.

Desarrollo

El sesgo doméstico: un patrón que contradice la teoría de diversificación

Los economistas Kenneth French y James Poterba documentaron en 1991 un patrón que sigue apareciendo en la investigación desde entonces: los inversores “mantienen solo cantidades modestas de renta variable extranjera, y tienden a favorecer con fuerza las acciones de empresas de su propio país”. Maurice Obstfeld y Kenneth Rogoff, dos economistas de referencia en macroeconomía internacional, llegaron a calificar este patrón como “uno de los seis grandes enigmas de la macroeconomía internacional”, precisamente porque contradice lo que predice la teoría de diversificación: los estudios muestran que “las carteras de acciones obtienen beneficios sustanciales al diversificarse hacia acciones globales”, y sin embargo la mayoría de la gente no lo hace en la medida que esos beneficios sugerirían. (Wikipedia, “Equity home bias puzzle”)

Para dar una idea de la magnitud de esta desviación: la economista Karen Lewis calculó que, para minimizar la volatilidad de una cartera de acciones, la combinación óptima estaría en torno al “39% en activos extranjeros y 61% en activos domésticos estadounidenses”. La cifra exacta cambia según el estudio y el período analizado, pero el patrón se repite: la proporción real que los inversores mantienen en activos extranjeros suele quedarse muy por debajo de esa referencia, concentrando mucho más de lo que la propia teoría de diversificación consideraría razonable. (Wikipedia, ibid.)

Por qué ocurre: varias explicaciones, sin un consenso único

Vale la pena ser honesto sobre algo que la propia investigación no resuelve de forma unánime: por qué ocurre este sesgo. Se han propuesto varias explicaciones, y ninguna por sí sola lo explica completamente. Una es la asimetría de información: los inversores pueden sentir que tienen “un acceso superior a información sobre las empresas locales”, aunque eso no necesariamente se traduzca en mejores decisiones de inversión. Otra son las complicaciones fiscales: en algunos países, los dividendos extranjeros sufren doble imposición, lo que desincentiva la inversión fuera de las fronteras. Una tercera apunta a la percepción del riesgo: la cobertura de pasivos y la percepción del riesgo del tipo de cambio influyen en la decisión de mantener activos en la propia divisa. Una cuarta explicación, la de las restricciones a la movilidad del capital, ha perdido fuerza con el tiempo porque los flujos internacionales de capital son hoy muy altos, lo que contradice que sea la principal barrera. (Wikipedia, ibid.)

Ninguna de estas explicaciones agota el debate, y los propios investigadores no coinciden en cuál pesa más. Lo importante para esta lección no es resolver esa disputa académica, sino algo más simple: el sesgo doméstico existe, está bien documentado, y probablemente también te afecta a ti, aunque no puedas identificar con precisión cuál de estas razones es la que más pesa en tu propio caso.

El sesgo no se limita a las fronteras de un país

Un hallazgo posterior, de Coval y Moskowitz en 1999, amplió el alcance del propio concepto: el mismo tipo de preferencia también aparece dentro de un mismo país, con inversores que prefieren empresas con sede cerca de donde viven frente a empresas del mismo país pero más alejadas geográficamente. (Wikipedia, ibid.) Esto sugiere que el mecanismo detrás del sesgo doméstico no es exclusivamente sobre fronteras nacionales o divisas: es una preferencia más general por lo conocido y cercano, que se manifiesta en distintas escalas —país, región, incluso sector si es uno con el que estás familiarizado por tu propio trabajo— y que conviene tener presente al revisar tu propia cartera, no solo al pensar en inversión internacional.

La trampa de creer que ya estás diversificado por comprar “todo el mercado”

Incluso si evitas el sesgo doméstico más evidente comprando un índice amplio en vez de acciones sueltas de tu país, puede seguir existiendo una concentración importante que no salta a la vista. La mayoría de los índices bursátiles se construyen ponderando cada empresa según su capitalización de mercado, lo que significa que las empresas más grandes pesan mucho más que el resto, aunque el índice incluya cientos de compañías.

Charles Schwab, firma de servicios financieros, describe la situación reciente del índice S&P 500 (que agrupa a las 500 mayores empresas cotizadas de Estados Unidos) como un ejemplo claro de esto: “las diez mayores empresas del S&P 500 representan juntas el 40% de la capitalización de mercado del índice, y las cinco mayores representan alrededor del 27%”. El grupo conocido informalmente como las “Magnificent 7” (siete grandes empresas tecnológicas y afines) “supone casi el 34% de la capitalización de mercado del S&P 500”, frente a poco más del 10% una década antes. (Charles Schwab, “Every Breadth You Take: Market Concentration Risks”)

Estas cifras concretas son una fotografía del momento en que se publicó ese análisis, no una constante fija: la concentración de un índice cambia con el tiempo según cómo evolucione el valor relativo de las empresas que lo componen, así que conviene verificar los datos actualizados en el momento de revisar tu propia cartera en vez de asumir que estas cifras exactas siguen vigentes. Lo que sí es una idea estable, más allá de la cifra concreta, es el mecanismo: un fondo indexado amplio, ponderado por capitalización, no reparte el riesgo de forma uniforme entre todas las empresas que incluye, y puede terminar dependiendo en gran medida de un puñado de compañías concentradas, a menudo del mismo país y de sectores parecidos entre sí.

El propio análisis de Schwab señala un efecto relacionado que conviene tener presente: aunque un índice alcance máximos históricos, eso no significa que la mayoría de sus empresas estén funcionando bien. Según cita el análisis, solo un “4,6% de las acciones del S&P 500 y un 3,5% de las del Nasdaq” cotizaban cerca de sus máximos de las últimas 52 semanas en el momento del análisis, lo que indica que buena parte de las empresas del índice quedaban rezagadas mientras el índice en conjunto subía, empujado por muy pocas compañías. Quien cree que posee “todo el mercado” a través de un fondo así puede, en realidad, estar sobreexpuesto a un grupo reducido de empresas concentradas en pocos sectores y en un mismo país. (Charles Schwab, ibid.)

Qué hacer con esto, sin caer en el extremo contrario

Ninguna de estas dos ideas —el sesgo doméstico y la concentración dentro de los índices— significa que invertir en tu propio país o en índices amplios sea un error. Significa que conviene ser consciente de la exposición real que tienes, en vez de asumir automáticamente que “tener acciones” o “tener un fondo indexado” ya equivale a estar diversificado en el sentido completo que viste en la lección 4. La pregunta útil no es “¿tengo acciones de varias empresas?”, sino “¿de qué países y de qué sectores dependen realmente esas empresas, y qué pasaría si justo esos países o sectores atravesaran un mal momento?”.

Aplicación práctica

Con tu cartera de renta variable actual (o la que estés considerando), haz este ejercicio:

  1. Identifica en qué país o países están las empresas que componen tu parte de acciones (directamente, o a través de fondos indexados). Si todo se concentra en un solo país, anótalo como una señal de sesgo doméstico.
  2. Si tienes fondos indexados amplios, revisa su composición por peso, no solo por número de empresas. Busca qué porcentaje representan las 5 o 10 mayores posiciones del fondo sobre el total.
  3. Identifica los sectores predominantes en esas posiciones más grandes. Si varias de las empresas más pesadas del fondo pertenecen al mismo sector, tu diversificación real es menor de lo que el número total de empresas del fondo sugiere.
  4. Pregúntate qué pasaría si ese país, sector o grupo reducido de empresas concentradas atravesara un mal momento a la vez. ¿Qué proporción de tu cartera se vería afectada?
  5. No saques conclusiones de “hay que vender todo” a partir de este ejercicio. El objetivo es tener claridad sobre tu exposición real, no sustituir una concentración por otra igual de desequilibrada en la dirección contraria.

Errores comunes

Asumir que “tener un fondo indexado amplio” equivale automáticamente a estar bien diversificado. La ponderación por capitalización de mercado puede concentrar el índice en pocas empresas, aunque incluya cientos de compañías.

No revisar la composición geográfica real de tu cartera de acciones. El sesgo doméstico es un patrón bien documentado que probablemente también te afecta a ti, aunque no lo hayas decidido de forma consciente.

Ignorar que el sesgo hacia lo conocido también opera dentro de un mismo país. Preferir empresas o sectores con los que estás familiarizado por tu propio trabajo o entorno puede generar el mismo tipo de concentración que el sesgo doméstico internacional.

Confundir que un índice esté en máximos históricos con que la mayoría de sus empresas vayan bien. Un índice puede subir empujado por muy pocas compañías mientras la mayoría de sus componentes quedan rezagados.

Reaccionar a este tema con el extremo contrario, evitando por completo tu propio país o mercado conocido. El objetivo no es eliminar toda inversión doméstica, sino ser consciente de la proporción real y decidir con esa información, no por desconocimiento.

Fuentes

  • Wikipedia, “Equity home bias puzzle” (con referencias a French y Poterba, 1991; Obstfeld y Rogoff; Lewis; Coval y Moskowitz, 1999). en.wikipedia.org
  • Charles Schwab, “Every Breadth You Take: Market Concentration Risks”. schwab.com

Para la próxima lección

La próxima lección de esta pista tratará sobre los costes de invertir: por qué una comisión anual que parece pequeña en porcentaje puede tener un efecto grande sobre el resultado final a largo plazo, y qué tipos de costes conviene revisar antes de elegir dónde invertir.


Este contenido es material educativo. No constituye asesoramiento financiero ni recomienda ningún producto, fondo, valor o plataforma concretos. Las cifras de concentración de mercado citadas corresponden al momento de la fuente indicada y cambian con el tiempo.

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