Negocio digital Lección 004

Cómo poner precio a un producto o servicio digital nuevo sin un precio de mercado claro de referencia

En la lección 3 viste cómo decidir qué tarea productizar y cómo validar la demanda con un MVP antes de construir nada completo.

Qué vas a aprender hoy

En la lección 3 viste cómo decidir qué tarea productizar y cómo validar la demanda con un MVP antes de construir nada completo. Pero validar que alguien pagaría no responde a la siguiente pregunta, que suele ser la más incómoda: ¿cuánto cobrar? Cuando existe un mercado establecido con precios visibles, puedes anclarte a ellos. Cuando lo que ofreces es lo bastante nuevo como para que no exista ese punto de referencia claro, esa opción desaparece. Hoy vas a ver dos formas distintas de pensar el precio, y un método concreto con más de cuatro décadas de uso para estimar un rango razonable directamente a partir de las personas que podrían comprarlo.

Conceptos base

Precio basado en costes (cost-plus pricing): fijar el precio sumando al coste de producir y entregar algo un margen objetivo, sin que la percepción de valor del comprador entre directamente en el cálculo.

Precio basado en valor (value-based pricing): fijar el precio según el valor percibido y la disposición a pagar del comprador, no según lo que cuesta producir la oferta.

Disposición a pagar (willingness to pay): la cantidad máxima que una persona concreta pagaría por algo, que varía de una persona a otra y no es observable directamente; solo se puede estimar.

Medidor de sensibilidad al precio de Van Westendorp (Van Westendorp Price Sensitivity Meter): un método de investigación de mercado que estima un rango de precio aceptable a partir de cuatro preguntas hechas directamente a compradores potenciales, sin necesidad de que exista ya un precio de mercado establecido.

Desarrollo

El problema real de no tener un precio de referencia

Cuando algo ya tiene un mercado con precios visibles, poner precio es relativamente sencillo: miras lo que cobra la competencia y te sitúas por encima, por debajo o igual, según cómo quieras posicionarte (algo relacionado con lo que viste en la pista de marketing sobre el marco de referencia). El problema aparece cuando lo que ofreces es lo bastante distinto —una combinación nueva, una automatización que antes no existía como producto, un servicio productizado como el que viste en la lección 3— como para que la persona a la que se lo ofreces no tenga ningún precio parecido guardado en la cabeza con el que compararlo. Sin ese punto de referencia, cualquier cifra que pongas corre el riesgo de parecer arbitraria, tanto para ti como para quien tiene que decidir si pagarla.

La opción por defecto: precio basado en costes, y por qué es limitada para software

La forma más intuitiva de resolver esto es sumar lo que te cuesta producirlo (tu tiempo, herramientas, infraestructura) y añadir un margen. Este enfoque, conocido como precio basado en costes, tiene la ventaja de ser fácil de calcular y de explicar. Su problema, señalado en la literatura sobre pricing, es que “no reconoce las perspectivas del consumidor ni de la competencia” y puede hacer que se pierdan oportunidades reales de negocio, precisamente porque ignora cuánto vale realmente la oferta para quien la recibe. (Wikipedia, “Value-based pricing”)

Para un producto o servicio digital, esta limitación es todavía más marcada. Como viste en la lección 2 de esta pista, el coste marginal de servir a un cliente adicional de software tiende a cero: una vez construido, replicar la entrega apenas cuesta nada. Si pusieras precio sumando ese coste marginal casi nulo más un margen, acabarías con una cifra que no tiene relación con el valor real que resuelve, y probablemente muy por debajo de lo que estarías dejando sobre la mesa.

La alternativa: precio basado en valor, especialmente cuando no hay precio de mercado

El precio basado en valor invierte el punto de partida: en vez de mirar el coste, mira cuánto vale la oferta para quien la va a usar, y cuánto estaría dispuesto a pagar por eso. Según describe la literatura sobre el tema, “el precio no depende de su coste de producción, sino que se fija considerando el valor percibido por el consumidor y su disposición a pagar”. Y, de forma directamente relevante para lo que estás viendo hoy, esta misma fuente identifica como una de las condiciones favorables para aplicar este enfoque precisamente la situación en la que “no existe un precio establecido o estándar en el mercado que rodea” a la oferta. (Wikipedia, “Value-based pricing”)

El reto de este enfoque es obvio: si no hay precio de mercado con el que comparar, ¿de dónde sacas el valor percibido? No puedes simplemente preguntarle a alguien “¿cuánto vale esto para ti?” y esperar una respuesta útil; la mayoría de las personas no saben calcular eso de forma explícita, aunque sí reaccionan de forma consistente cuando se les presentan cifras concretas para evaluar. Ahí es donde entra un método diseñado específicamente para esta situación.

El método Van Westendorp: cuatro preguntas para estimar un rango sin precio de referencia

El economista holandés Peter van Westendorp introdujo en 1976 una técnica de investigación de mercado pensada exactamente para este problema. (Wikipedia, “Van Westendorp’s Price Sensitivity Meter”) El método consiste en hacer a compradores potenciales cuatro preguntas directas sobre precio, formuladas así según las recoge Sawtooth Software, una empresa especializada en software de investigación de mercado:

  1. “¿A partir de qué precio considerarías que el producto es tan barato que dudarías de su calidad?” (demasiado barato)
  2. “¿A partir de qué precio considerarías que el producto está tan bien de precio que te parecería una ganga?” (barato / buen precio)
  3. “¿A partir de qué precio dirías que el producto empieza a resultar caro, pero aun así lo seguirías considerando?” (caro pero aceptable)
  4. “¿A partir de qué precio considerarías que el producto es tan caro que no te lo plantearías comprar?” (demasiado caro)

(Sawtooth Software, “Van Westendorp Pricing Model”)

Al recoger estas cuatro respuestas de varias personas del público al que te diriges y representarlas como curvas acumuladas, aparecen varios puntos de cruce con nombre propio: el punto de baratura marginal (donde se cruzan las curvas de “demasiado barato” y “caro”), el punto de indiferencia (donde se cruzan “caro” y “barato”, el precio en el que percepción de coste y de valor se equilibran), el punto de carestía marginal (donde se cruzan “demasiado caro” y “barato”, marcando el límite superior razonable) y el precio óptimo (donde se cruzan “demasiado barato” y “demasiado caro”). (Wikipedia, “Van Westendorp’s Price Sensitivity Meter”) En la práctica, no necesitas dominar el cálculo exacto de estas curvas para sacarle partido al método: el valor está en las cuatro preguntas en sí, que fuerzan a cada persona a pensar en un rango de precios (no solo un número), y en cruzar esas respuestas entre varias personas para ver dónde se agrupan los límites inferior y superior que el conjunto del público objetivo considera razonables.

Fíjate en algo interesante de la primera pregunta (“demasiado barato”): un precio muy bajo no solo reduce ingresos, sino que activa una señal de sospecha sobre la calidad, algo que conecta con la idea de que, sin un precio de referencia externo, el propio precio que pones se convierte en una de las pocas señales que la otra persona tiene disponibles para juzgar qué tan seria o buena es tu oferta.

Las limitaciones honestas del método

Conviene ser transparente sobre lo que este método no hace. Sawtooth Software, que lo usa habitualmente en su propio trabajo de investigación, señala varias limitaciones reales: el método evalúa el precio “de forma aislada, a menudo sin definir el panorama competitivo”; sin una extensión adicional conocida como Newton-Miller-Smith, “no predice directamente el comportamiento de compra ni el volumen de ventas”; y el análisis original basado en el cruce de líneas “no se deriva de la teoría económica” de forma rigurosa. Además, los resultados “pueden no tener en cuenta la estructura de costes, los márgenes de rentabilidad ni el posicionamiento estratégico” de quien vende. (Sawtooth Software, ibid.)

Esto no invalida el método para el uso que le vas a dar aquí: como forma de estimar un rango razonable de partida cuando no tienes ningún otro punto de referencia, sigue siendo mucho mejor que adivinar una cifra sin ningún dato. Pero el rango que obtengas es un punto de partida para seguir ajustando con datos reales de ventas, no una cifra final e infalible que puedas fijar y olvidar.

Aplicación práctica

Si tienes (o estás considerando) un producto o servicio digital sin precio de mercado claro, haz este ejercicio:

  1. Identifica entre 5 y 10 personas reales que representen a tu público objetivo (pueden ser contactos de tu red, no hace falta una muestra grande para una primera estimación orientativa).
  2. Hazles las cuatro preguntas de Van Westendorp, en ese orden, sobre tu oferta concreta: a partir de qué precio les parecería sospechosamente barato, a partir de qué precio les parecería una ganga, a partir de qué precio empezaría a parecer caro pero aceptable, y a partir de qué precio directamente descartarían la compra.
  3. Anota las cuatro cifras de cada persona por separado. No promedies todavía: fíjate primero en el rango que da cada persona entre su “empieza a ser caro” y su “demasiado caro”.
  4. Busca dónde se agrupan las respuestas entre las distintas personas: el rango donde más gente coincide en que el precio empieza a resultar caro (pero sigue siendo aceptable) es un buen punto de partida razonable, más fundamentado que una cifra sacada solo de tus costes.
  5. Recuerda las limitaciones: esto te da un punto de partida, no una cifra definitiva. Compáralo con lo que sabes del coste que tiene para ti ofrecerlo, y ajusta con datos reales de ventas en cuanto los tengas.

Errores comunes

Fijar el precio solo sumando costes y un margen, sin considerar el valor percibido. Especialmente en software, donde el coste marginal es casi nulo, este enfoque tiende a infravalorar sistemáticamente lo que se ofrece.

Preguntar directamente “¿cuánto pagarías por esto?” en vez de usar las cuatro preguntas del método. Una sola pregunta abierta sobre precio tiende a dar respuestas poco fiables; el valor de Van Westendorp está en forzar un rango con cuatro anclas distintas, no en preguntar una cifra suelta.

Ignorar la señal de “demasiado barato”. Un precio muy bajo puede parecer una ventaja competitiva, pero sin un precio de referencia externo, también puede leerse como una señal de baja calidad.

Tratar el resultado del método como una cifra definitiva e inmodificable. El propio método tiene limitaciones reconocidas (no considera competencia, costes ni predice ventas reales); es un punto de partida razonable, no la última palabra.

Aplicar este método con muy pocas personas y sacar conclusiones demasiado firmes. Cuantas menos personas respondan, menos fiable es dónde se agrupan realmente las respuestas; trátalo como una orientación inicial, no como un dato estadísticamente sólido con una muestra pequeña.

Fuentes

Para la próxima lección

La próxima lección de esta pista tratará sobre precio único frente a suscripción: qué modelo de cobro encaja mejor según el tipo de valor que entrega tu producto o servicio digital, y qué señales indican que uno tiene más sentido que el otro para una oferta concreta.


Este contenido es material educativo. No constituye asesoramiento financiero ni profesional, ni recomienda ninguna herramienta o plataforma concreta.

Configurar cookies Contacto Directo